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Recuerdo los ayunos del abuelo (mi viejo falleció hace unos 5 años a los 82 cumplidos, en vísperas de completar los 60 años de casado). Pertenecía desde su juventud a un grupo religioso protestante y periódicamente ayunaba en el sitio de reunión de su congregación. Cuando yo era pequeño, fuí un par de veces a acompañarlo. Duré la primera vez medio día sin comer ni beber y regresé a la casa y pedí el desayuno y el almuerzo que me había dejado de comer. A la segunda oportunidad ya pude con tres cuartos de día. Y por supuesto al regresar a casa me esperaba la comida atrasada. Siendo un adolescente, creía ser más disciplinado y lo acompañé de nuevo (en esa ocasión mi abuelo ayunó 4 días sin comer, solo acompañado de agua potable) y aguanté un día y las oras de la madrugada, desde que me desperté a las 5 de la mañana y hasta las 8 de la mañana cuando ya alucinaba comida.

Hoy lo recuerdo, con gratitud y como algo anecdótico. Ahora que no ayuno ni ayunando, ahora que sé que un ser humano tomando agua y vitaminas y sin comer  pude aguantar hasta un año. El modelo del abuelo era el famoso ayuno de Jesús de 40 días y 40 noches.

Ver también: poema para mis abuelos , padre soltero