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El castigo de la ciudad es un relato interesante del escritor Fernando Alberto Vargas y hoy quiero compartirlo con ustedes con vocación netamente pedagógica, a ver que podemos aprender de su estilo y tropos. Aclaro que las notas pie de páginas las añadí queriendo de alguna forma aclarar el significado de los nombres empleados en el cuento:
Se llamaba Judith[1]. Tenía 19 años recién cumplidos. Hija de Moc y de Samay. Era asediada por los habitantes de la ciudad donde vivía. Era hija natural de Sodoma[2]; sin embargo no tenía mentalidad lujuriosa ni pecaminosa. La revolución ardía en sus venas y latía en su pecho esbelto. Estaba cansada de ver a sus conciudadanos vivir en medio de orgías y locuras. Su padre le había advertido que pronto sería puesta en la plaza principal para que con su cuerpo se deleitaran los ancianos, los adultos y los jóvenes.
Astrith, una ninfómana por naturaleza, esperaba con agrado el día en que junto con su hermana Judith, iban a ser violadas por todo un pueblo enloquecido.
Judith presenciaba en silencio la lujuria de su familia. Su madre se acostaba con forasteros y grandes sabios del sanedrín. Su hermana disfrutaba del placer solitario, esperando el día en que iba a ser feliz e iba a hacer felices a los demás ciudadanos de Sodoma.
Su padre intentó violarla varias veces pero siempre Samay intervenía y lo evitaba ya que los grandes ciudadanos debían disfrutar de las mieles de una virgen.
Faltaba un día para tan esperada velada. Los hombres habían asesinado becerros y preparado todo para que fuese un festín. Astrith estaba muriéndose de fiebre, de excitación. Le parecían eternas las horas que faltaban para la gran gloria, Judith se encontraba meditando en la puerta de la ciudad, cuando de repente una fogata se desprendió de una piedra y le habló con una con una voz colmada de paz y beatitud:
-Judith…no sufras. Ve con Lot[3] y pide que te lleve, junto a él y su familia para que te salves de la gran destrucción de la ciudad.
-¿Quién eres? ¿Qué blasfemia habéis dicho?…-exclamó asustada la mujer virgen y esbelta.
– Yo soy Yavé, el Dios de Abraham, sígueme y te salvarás…Eres una mujer que no merece perecer en el fuego que caerá del cielo –repuso la voz.
– Estoy loca…la ley de mis padres ha sido la de devorarme en el fuego del sexo. ¿Por qué no recibir la hombría de aquellos que viven por la lujuria? Es la ley y hay que cumplirla…Ha llegado el momento –se dijo a sí misma.
– Hija mía, te invito a que sigas a los ángeles que salvarán a la familia de Lot…cree y te salvarás –terminó afirmando la voz, mientras con ella el fuego se desvanecía.
Llegó el día, el padre había llevado en contra de su voluntad a Judith a la plaza de la ciudad. Astrith estaba muy enferma y aunque Samay le pidió que se quedase en cama, prefirió ir con ellos porque la mejor medicina para la calentura hipogástrica era precisamente la orgía.
Comenzaron a llegar los hombres y las mujeres…los homosexuales y las lesbianas. Todos estaban listos para ser felices, para destruirse.
-¿Dónde están aquellas hijas del amor? ¡Queremos abusar de ellas! –Exclamó un anciano.
Moc les indicó con una señal que podían encontrarse con el placer en los cuerpos de sus hijas. Todos se abalanzaron sobre Judith porque era la más esbelta. De repente, una lluvia ígnea comenzó a caer sobre la ciudad…todos empezaron a quemarse y a pedirle perdón a los cielos sordos y furiosos.
Astrith corrió hacia la puerta de la ciudad. Vio a los dos ángeles y se excitó con su corpulencia. En la puerta, un joven apuesto consumó su hombría en el cuerpo de la fugitiva. Una explosión casi atómica, hizo que Astrith huyera hacia donde lo hacía la familia de Lot. Todos los sodomitas perecieron.
Pasaron los días. Astrith sospechaba estar embarazada. Comprendió entonces que Dios la había salvado, porque él salvaba a la gente que expandiera y/o multiplicara su pueblo por el mundo.
Así, acudiendo a su autopromesa, Astrith tuvo el hijo y con él construyó una familia muy grande y muy aferrada al amor de Yavé.
[1]Según la concordancia Strong: יְהוּדִית Yejudít, judía,o en su defecto una caananita. Semejante a יְהוּדִי yejudí; patrón, y, también a יְהוּדָה Yejudá, celebrado.
[2] סְדֹם Sedóm; de una raíz que no se usa que sign. incinerar; distrito quemado (i.e. volcánico o bituminoso); Sedom, un lugar cerca del Mar Muerto
[3] לוֹט lot, significa velo, cubierto. Viene de la raíz לוּט lut; raíz prim.; envolver:-envolver, cubrir.

Ver también: mi vecina