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“En cambio, Liona sí que tenía un coño. Lo sé por que nos envió unos cuantos pelos de ahí abajo. Liona… un asno salvaje que olfateaba el placer en el aire. En todas las colinas altas hacía de puta… y a veces en las cabinas telefónicas y en los retretes. Compró una cama para su rey Carol y un cubilete de afeitarse con sus iniciales. Se tumbó en Tottenham Court Road con el vestido levantado y se acarició con el dedo. Usaba velas, candelas romanas y pomos de puerta. No había una picha en todo el país bastante grande para ella… ni una. Los hombres la penetraban y se encogían. Necesitaba pichas extensibles, cohetes de los que explotan automáticamente, aceite hirviendo compuesto de cera y creosota. Si se lo hubieras permitido, te habría cortado la picha y se la habría guardado dentro para siempre. ¡Un coño único de entre un millón, el de Liona! Un coño de laboratorio, y no había papel de tornasol que pudiera tomar su color. También era una mentirosa, aquella Liona. Nunca compró una cama a su rey Carol. Le coronó con una botella de whisky, y su lengua estaba llena de piojos y de mañanas. Pobre Carol, lo único que podía hacer era encogerse dentro de ella y morir. Respiraba ella y él caía afuera… como una almeja muerta.
Cartas enormes, voluminosas, avec des choses inouïes. Una maleta sin correas. Un agujero sin llave. Tenía la boca alemana, las orejas francesas, el culo ruso. El coño internacional. Cuando la bandera ondeaba, era roja hasta la garganta. Entrabas por el Boulevard Jules Ferry y salías por la Porte de la Villette. Echabas los bofes en las carretas… carretas rojas con dos ruedas, naturalmente. En la confluencia del Ourcq y el Marne, donde el agua prorrumpe a través de los diques y se extiende como cristal bajo los puentes. Liona yace allí ahora y el canal está lleno de cristal y astillas; las mimosas lloran y la húmeda bruma de un pedo empaña los cristales de las ventanas. ¡Una gachí única de entre un millón, aquella Liona! Toda ella coño y un culo de cristal en que se puede leer la historia de la Edad Media”.

Tomado de Trópico de Cáncer, de Henry Miller.

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