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Soy padre soltero.

Y me enorgullezco de serlo. Así no falte el vivo que diga que mi lado femenino está más desarrollado que mi lado masculino. Me considero un varón 100% aunque mi sensibilidad y sentido común, hayan recibido una ayudita de mi crianza temporal al lado de mi abuela y de mis tías.Ser padre soltero tiene como compensación ver crecer a un hijo y ser uno, en tanto que papá, partícipe de su desarrollo. Implica menos citas amorosas que un soltero consumido pero también implica menos rodeos en cuestiones íntimas. Significa, dejar de ser el “macho man” y conversar de cuando en cuando sobre los asuntos de la vida con nuestro heredero.

Si bien a ratos maldigo mi suerte por hallar en mi camino a la madre de mi hijo, de no ser por ella nunca lo hubiera conocido y mucho menos disfrutado de su compañía. Siempre me tomé muy a pecho eso de que para ser feliz en la vida había que sembrar un árbol (y sembré muchos; es más, durante épocas de angustia hice contratos sembrando cantidades de ellos en zonas rurales), escribir un libro (ya lo hice, afortunadamente, aunque añadiría también, escribir y sostener un blog: tengo 8 para esocger) y engrendrar un hijo . Quería ser papá; quería sentirme parte de algo bien importante, quería ser constructor de futuros, arquitecto de sueños, capitán de barcos aunque no estuvieran asegurados…Y me lancé a fecundar con todo la pasión y entrega de la que  pude hacer acopio, a mi hijo.

Soy padre soltero. Convivir en pareja no es sencillo. No se trata de buenas o malas personas, se trata de química, de procesos de convivencia y de acuerdos. Cuando las cosas no se dan, hay que cortar. Debí hacerlo. Pero tambien sabía de lo que había entregado y peleé por mi hijo. Vive conmigo. Dos tipos solos en un apartamento, eso es como para alquilar balcón. Trato de infundirle mucha disciplina y trabajo denodado; intento hacerle ver que vale la pena enamorarse pese a los riesgos y, que personas como su mamá no son ni diabólicas ni mucho menos unas perdidas: solo son personas que priorizan su vida y jerárquicamente, ser madres está de último…o por lo menos debajo de ser grandes damas y sentirse las doctoras más imprescindibles de sus trabajos.

Para ser padre soltero, flexibilicé mis horarios de comerciante independiente y, como buen profesional del diseño web, laboro gran parte de mi día, en casa. De esa forma logro que mi hijo repase, haga las tareas, tienda la cama, ayude a hacer el almuerzo, no mire tanta tv, juegue menos en el pc y pula a diario su personalidad.

Ser padre soltero no me hace mejor persona que mi vecino, pero me ayuda a sentirme fantástico conmigo mismo y con mi posible misión en la vida. Posiblemente todo este esfuerzo no sea lo suficientemente valorado más adelante por mi propio hijo, pero es un riesgo que debo correr e independientemente de su valoración positiva o negativa, debo seguir. Con solo saber que mi padre está mirando desde más allá del espacio y del tiempo mi gesta, es suficiente, con su sonrisa sin horarios, con su paz sin calendarios.