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Mataron al gobernador del Caqueta. y no pretendo competir con noticieros o diarios en contar la nueva; ya han pasado varias horas desde el descubrimiento del cadáver. Solo hacer una reflexión muy personal sobre la muerte de un político, la cabeza visible del estado en esa zona de Colombia y sobre la insurgencia.
Que un dirigente de esa talla regional posea tan solo un escolta en el instante del secuestro del gobernador del departamento, es de por sí, un error, provocado o pasivo pero al fin y al cabo un hueco de seguridad, sobre todo en zonas de alta boscosidad cercana y conocidos movimientos de guerrilleros y malhechores comunes.El mensaje que llega implícito, de esos que uno debe leer entre líneas es claro: la guerrilla está viva  y el estado bajó la guardia; los facinerosos no desean explícitamente negociar los retenidos en su poder y su voluntad de paz radica en esperar a otro gobierno más débil en materia de seguridad.Queda en el aire la posibilidad de que no hayan sido los guerrilleros aunque las evidencias mostradas por los militares aducen que son ellos. Eso no lo saben a ciencia cierta sino los organismos de seguridad del estado.
Otras inquietudes derivada del degollamiento del gobernador del Caquetá: ¿Sería un error ordenar el rescate a sangre y fuego de los secuestrados? ¿Sería indirectamente el Estado colombiano culpable de esta muerte? ¿Quien ganó políticamente con esta muerte? ¿Quien perdió?
Basta de homicidios y de regar zozobra en nuestras provincias, basta de los caudales de sangre que ya se han vertido en nuestras cordilleras y zonas marginales. Que el estado haga más y prometa menos, que la guerrilla entienda que la gente se harta de sus discursos en contravía de sus actos; que mi país haga pactos de crecimiento y que cese ya esta confrontación estúpida por migajas de poder y protagonismos.
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