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Conversación son unas citas antológicas del estupendo pensador alemán Friederich Nietzsche:

Se aprende a hablar, pero se olvida charlar cuando se está callado durante un año. Tratados filosóficos.

No se debe hablar sino cuando ya no hay derecho a callar, y no se debe hablar más que de aquello que se ha “dominado”. Humano, demasiado humano.

Sin ser precisamente un espía, se puede aprender mucho cuando se ha aprendido a ver bien, perdiéndose de vista a sí mismo durante un cierto tiempo. Pero los hombres no saben utilizar una conversación; ponen demasiada atención en lo que quieren decir y contestar, mientras que el verdadero “oyente” se contenta muchas veces con responder provisionalmente y limitarse a “decir” algo para cumplir las reglas de la cortesía, acumulando en cambio, en la memoria, llena de recovecos, todo lo que el interlocutor ha dicho, juntamente con el tono y la actitud de su discurso. En la conversación ordinaria, cada uno de los interlocutores quiere conducir la conversación como si dos barcos que navegasen el uno junto al otro y que se diesen de cuando en cuando un encontronazo, se entregasen a
la ilusión de preceder y hasta de remolcar al vecino. Humano, demasiado humano.

Después de una conversación con alguno, se está en las mejores disposiciones con el interlocutor si se ha tenido ocasión de exhibir ante él todo el esplendor de su ingenio y de su cortesía. Humano, demasiado humano.

El uno busca un auxiliar para hacer nacer sus pensamientos; el otro busca a alguien a quien pueda ayudar: de este modo se organiza una buena conversación. Más allá del bien y del mal.

Pocas gentes habrá que, cuando se sientan perplejas en la elección de un tema de conversación, no revelen los secretos más importantes de un amigo. Humano, demasiado humano.

Cuando dos antiguos amigos se vuelven a encontrar después de una larga separación, sucede muchas veces que afectan tener interés por cosas que les han llegado a ser completamente indiferentes; a veces lo notan ambos y no se atreven a descorrer el velo, a causa de una duda un poco triste. Así es como ciertas conversaciones parecen sostenerse en el reino de los muertos. Humano, demasiado humano.

Con una voz fuerte en la garganta se es casi incapaz de pensar cosas sutiles. El eterno retorno.

No todas las palabras convienen a todas las bocas. Así habló Zaratustra.

…me consideraba feliz con tener alguien que sufriese mis discursos. Filosofía general.

Como hablaba a todos, no hablaba a nadie. Así habló Zaratustra.

Porque saber conversar puede ser un arte, un complique o algo a lo que huímos.