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La novelista George Eliot (seúdonimo literario de Mary Ann Evans) era espantosamente fea y, sin embargo, su personalidad magnética inspiró a Henry James a escribir en una carta:

“Ella es magníficamente fea; deliciosamente horrorosa. Tiene la frente baja, un ojo gris opaco, una gran nariz de péndulo, una boca enorme llena de dientes disparejos, una barbilla y un maxilar qui n´en finissent pas (que nunca terminan)…pero en esta inmensa fealdad reside una poderosa belleza que, en pocos minutos, nos roba y encanta la mente; y entonces usted termina cmo yo, enamorándose de ella.”

Porque cada fea tiene su gracia, decía mi abuela (ver poema para mis abuelos.