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En Colombia, frontera con Perú, miraremos cómo se logró definir la frontera terrestre entre estos dos países.
Conformada la Gran Colombia en 1821 se intentó delimitar estos linderos de los dos países, porque habían aun roces por territorios que se endilgaban ambas naciones. Fue don Joaquín Mosquera el diplomático a quien se le asignó esta delicada misión, esgrimiendo la postura colombiana del Utis Possidetis (así como habéis poseído, así poseáis) de 1810 que no le agradaba demasiado al gobierno peruano.
Resulta que al real Cédula de 20 de noviembre de 1563 creaba la Audiencia de Quito pero los linderos eran muy confusos. Para remediar dicha ambiguedad , se expide en 1740 otra real cédula que señala claramente los límites de los virreinatos de Peru y de la Nueva Granada: “Partiendo desde el Tumbes en la costa del Pacífico, sigue por las serranías y demás cordilleras de los Andes, por la jurisdicción de Patía y Piura hasta el Marañón, a los seis grados  treinta minutos latitud sur, dejando al Perú la jurisdicción del Piura, Cajamarca, Moyobamba y Motilones; y por la cordillera de Yeveros atravesando el río Yavarí o Yaurí en la confluencia del Carpi; las aguas de este al Solimoes o Amazonas y las de este abajo hasta la boca más occidental del Caquetá o Yupurá en las que comienzan los límites con el Brasil. sobre el Amazonas septentrional”.
La gente del Peru en cambio se aferraba a la Real Cédula de 1802 (muy posterior), interpretando que de acuerdo con este documento, todos los territorios comprendidos dentro de una zona de 400.000 kilómetros cuadrados, que se extienden desde el norte del río Amazonas, corresponderían al Perú. El asunto es que los peruanos olvidaban que en ningún lado del citado documento se hablaba de segregación de territorio o algo así sino de una petición administrativa.
Pero volvamos al señor Mosquera y su labor negociadora, para decir que no fue posible obtener acuerdo alguno. El Congreso de Peru expidió un documento donde afirmaba que los límites entre ambas naciones eran los que tenían los dos virreinatos en 1809, algo bastante genérico, que sin embargo fue ratificado por el gobierno peruano. No así por el gobierno colombiano quien por medio de la ley de 1 de junio de 1824 conceptuaba que esto era muy vago y se prestaba a confusiones.
Siguen las situaciones de guerra con España y queda el asunto en el aire, salvo por el encargo por parte del gobierno colombiano al general Sucre para que negociara lo de la frontera con Perú, pero el encargo quedó empezado porque tuvo que hacerse cargo de la presidencia de Bolivia. En 1826 hubo de nuevo roces por las provincias de Jaén y Mainas, que Perú reclamaba para sí y donde Colombia había realizado actos de soberanía. Estancadas las negociaciones, la guerra fue inevitable.
 La guerra fue inevitable.Finalizada esta con la derrota militar del Perú, se firma el convenio de Girón.
El 22 de septiembre se firma el llamado Tratado de Guayaquil, donde los países en disputa se comprometieron en el artículo 5o del mismo a reconocer la validez de los límites fronterizos entre los antiguos virreinatos de Nueva Granada y de Perú (la línea fronteriza empezaba en la boca del río Tumbes y finalizaba en los territorios de Brasil), pero, podrían hacer pequeñas concesiones en aras de la exactitud de las líneas divisorias. Pero con la disolución de la Gran Colombia, Perú adujo que había negociado con una institución que ya no existía, luego ya no tenía validez alguna. El gobierno colombiano se aferraba a su validez y puso como negociador al general Tomás Cipriano de Mosquera, en tanto Perú hacía lo propio delegando dicha responsabilidad en el presbítero Carlo Pedemonte y firmando el llamado protocolo Mosquera-Pedemonte, reconociendo el perfecto derecho de Colombia al territorio de la ribera izquierda del Marañón o Amazonas y reconociendo al Perú el dominio de la ribera derecha, quedando pendiente tan solo el límite en la provincia del Jaén, si debía correr por el río Huancamba o por el Chichipe.
Sería hasta los años 1900-1907 que se firmaron unos pactos llamados los Modus Vivendi (así los llamó el Perú; mientras que de parte colombiana el general Rafael Reyes los llamó Modus Moriendi), por medio de los cuales se trazaron límites temporales y zonas intermedias mientras se lograba definir a cabalidad estas fronteras (algo que aprovecharon empresas peruanas como la Casa Arana para explotar el caucho en zonas de nacionalidad indefinida). Obviamente los peruanos querían aprovecharse del trapecio amazónico y quedarse con él, tanto así que el 24 de marzo de 1922 la débil diplomacia colombiana (en cabeza del embajador Fabio Lozano Torrijos), firmó un tratado donde cedió casi todo el territorio que le habría correspondido si se mantuviera la frontera de 1830.
Para septiembre de 1932 y pese a todas las bondades colombianas, los peruanos invadieron Leticia y expulsaron a las autoridades colombianas. Vino el conflicto bélico que acabó con la intermediación de la Liga de Naciones en 1934. Se pactó el Protocolo de Río de Janeiro, se terminaron los combates y se convino en hacer valer el tratado de 1922. La frontera entre los dos países es de 1.622 kilómetros.