Los libros viejos son como esos abuelitos que nos cuentan historias cargadas de sabiduría, de emoción y suspenso, de detalles pintorescos…¡de vida! Hoy estuve de nuevo en una carpa donde remataban libros de segunda, libros viejos; me arrimé, temeroso, de estar traicionando a mis grandes amigos empastados, a los confidentes de horas y horas;  nostalgia de esas tardes cuando dejaba de jugar futbol por encaramarme al mandarino a leerme “Los tres mosqueteros” o, sencillamente dejaba de dormir, ponía el despertador a las 3 de la mañana para zambullirme en Sandokan e inclusive en los cuentos de Condorito, las caricaturas de mortadelo y Filemón o los cómics del pato Donald.

Timidamente cogi un par de tomos, de mis siempre queridos libros que, aunque viejos, me susurraban cosas; me parecía injusto pordebajearlos de esa manera, casi regalados, sencillamente por estar ajados, amarillos, curtidos o rayados en varias partes. Estar en contacto con tantos y tantos libros viejos (diferente a los de mi biblioteca que, si bien muchos tienen mas de 20 años, los consiento y leo con cierta frecuencia) me hizo reflexionar sobre el sitial que le asignamos a la cultura y el valor que le asignamos a los libros. Miles y miles de docentes y estudiantes, sin respeto alguno por el autor o por el milagro de la vida encarnado en un libro editado para satisfacer alguna curiosidad intelectual, fusilan, copian, fotocopian, piratean cantidad y cantidad de libros, descuadernandolos en el proceso y desincentivando a su respectiva compra. Ah, que el presupuesto es bajo y que el dinero no alcanza para adquirir libros, sobre todo si son buenos y costosos…

Los libros viejos me hacen cuestionarme mucho. Sobre las influencias recibidas no solo a nivel personal sino sobre las influencias y lecturas de mis autores favoritos…Cierro los ojos, divago e imagino una tarde corriente de Garcia Marquez, de Henry Miller, de Camilo Jose Cela…

Porque los libros viejos hablan, no puedo callar; porque los libros viejos viven, es que hago toda esta bulla…

Muchos creen que el libro ha muerto…lamento decirles que se resiste a morir, que como las especias sentenciadas a sobrevivir se ha adaptado y en general son ahora digitales. Leer, es volver a las fuentes; es manejar un aprendizaje activo, que nos obliga a reflexionar y a rumiar lo asimilado…

Los libros viejos, uno de esos amores trágicos que nos arrojan por abismos de lucidez y admiración a muchos románticos de tiempos idos.

Quizás estos brotes de emocionalismo nos den por ser vísperas de navidad