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¿De donde procede la confusión? Independientemente del Derecho y la jurisprudencia sabemos que puede resultar de la falta de atención, de la fraseología imprecisa, de inferencias a las carreras o incorrectas, de malas interpretaciones, de la ambiguedad, de la vaguedad, de la simplificación cursi, de la incapacidad para distinguir los pertinente de lo no pertinente, o de una apelación emotiva.

Interpretar de mala forma palabras aisladas nos puede conducir inexorablemente a la confusión, lo mismo que empler términos cuyo significado desconocemos.

No falta el que pretendiendo saber otros idiomas confunde palabras con sonidos similares en otros idiomas. Del mismo modo, hay quien sabe un significado principal pero ignora los matices y connotaciones de dicho vocablo.

Así mismo, la confusión puede derivarse del uso de acepciones que tienen dos connotaciones, una técnica y una popular; de la no definición de un adjetivo.

desviaciones, comunicación personal.