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Los recuerdos de otros días permanecen agazapados, ahí, tras de los matorrales de la vida, prestos a saltar sobre nosotros poniéndonos nostálgicos, vacia la mirada enfocándonos al horizonte.
Los recuerdos de otros días nos envuelven al menor descuido con su abrazo meloso y su discurrir de rosas.

Por ejemplo ayer, cumpliendo con un deber de familiar de ver a una prima enferma en un hospital, luego del estrés propio de un día agitado, lo que menos pensé era caer víctima de los recuerdos de otros días, mirando las enfermeras todas elegantes con sus trajes blancos, algunas con los mismos, ceñidos, otras con su calidez en el trato tan suya…Ay mi antigua enfermera en el amor, ¿por qué debo recordarla ahora? ¿Cuándo ya para qué? ¿Por qué su presencia me ronda sin descanso?

Recuerdo que en mi cumpleaños, cuando solo eramos amigos, le pedi un beso y me fue concedido (aunque Fernando Gonzáles, en viaje a pie diga que no se debe pedir sino tomar) con una pasión que no conocía hasta ese instante en ninguna mujer. El asunto es que no eramos novios pero seguimos besándonos mucho todos esos días, tocándonos con locura pero con miedo a ir más allá…Pocos días después era imposible ocultar mi excitación y decidí ir más lejos,poniendo mis manos bajo su mini falda de jean mientras usted se contoneaba como una gata y me llevaba hacia la habitación. ¡Ah! No éramos nada pero éramos todo. La desnudé despacio pese a que mi erección era proverbial (como para batear cocos). Miré asombrado su pubis depilado y sentí que le haría el amor a una niña (pese a que siempre proclamaba que me gustaban los vellos de pubis en su estado natural), pero a una niña excitada, volcánica, temblorosa…Yo quería jugar pero usted me dijo que entrara…Y lo hice…Oh… pífanos y clarines…cielo tras cielo, resplandor y deslumbramiento uno tras otro. Ingresar a esa caverna tibia, húmeda y palpitante, ver y tocar su clítoris que me señalaba y de alguna forma me veía, rojo de lujuria.

No le importó ni que fueramos amigos ni mucho menos que no estuviéramos planificando. En medio de mi excitación solo pensaba en contralarme y no eyacular en sus entrañas, cosa que efectivamente hice. Sus ojos arrobados, su jadeo incesante, los tambores de sus caderas en un rítmo frenético y sobre todo, su voz ahogada diciéndome: “¿por qué me hace esto?”…Seria nuestra primera vez…

Que las frustraciones son el gatillo para crear; que los deseos reprimidos son el alimento de los sueños…Pues bien, debo escribir para ver si logro sacar corriendo esos fantasmas que me asustan, como otros entregarse al alcohol o a la diversión.

En recuerdos de otros días, solo pido al Universo, la bendiga.
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