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Diana: A pesar que usted ya es historia en mi existencia; a pesar que usted hirió mi vida con sus encubrimientos y sofismas… y posiblemente nunca llegue a leer esto que le escribo, donde quiera que esté, recuerde:
Por usted, por lo que presumiblemente teníamos, hice la antología de poemas para una despedida    que usted supo fueron varias entregas, ¿recuerda?
Decirle que el libro, Puros cuentos, canciones de amor lo edité para usted sería engañarla, porque para que hubiera el mismo, pasaron varias mujeres antes de usted con sus alegrías y penas.
Usted tal vez no alcanzó a leer los poemas para el regreso o el relato que hice sobre el Descubrimiento de España , pensando solo en usted, en lo hermoso que atisbaba el mundo con sus manos, sus ojos, su voz y su sonrisa.
No, ¡que va! Ni cuenta tuvo que haberse dado de que me sentí, Solo ante el peligro y que hasta hice una rifa para sacar el pasaporte, la licencia de conducir para irme tras de su rastro…, queriendo dejar mi mundo tirado, mi familia, hasta mi hijito…
Bueno, pero como le decía al comienzo, dolió, duele un poquito pero ya pasó: usted ahora tan solo es en mi existencia,  una sentencia cumplida , es decir, un recuerdo nebuloso, de alguien que cambio lo nuestro por un par de euros y desasosiegos. ¿Valió la pena? En mi caso, después del raudal de lágrimas, creo que sí, puesto que hallé a Alguien quien sin esos paroxismos de pasión tan extremos,me ama, valora, respeta y me dice la verdad. Y usted, Diana, ¿qué balance hace?