A los amigos ([1])

No cambiaré a mis amigos / justamente ahora / cuando llegamos a un puerto tan seguro / como esta desesperanza continua.
No los cambiaré ahora / cuando el amanecer se aleja / y aquellas llamas altas no nos / pertenecen / y apenas somos dueños de ese ocre / que nos roba el crepúsculo.
No cambiaré sus vicios, sus astucias un poco infantiles / ni sus preferencias por las mujeres hermosas / el vino tinto / o el apostar a pasiones inútiles / -utopías enmarañadas de algas / ganadas por el óxido que termina / matando los barcos-.
No cambiaré a mis amigos / ahora, justamente ahora / que están cerca de saberlo todo / y estamos junto al fuego / en esa cueva común / que hemos abierto entre todos / con las manos sangrantes / y que nos preserva de todas las pestes.

Si es cierto que- como dice uno de ellos- / somos los últimos que creímos en algo / no importa que no haya servido y todo se lo hayan / montado.

Por eso mismo, mis amigos han valido la pena.
Ellos saben que nosotros escribimos el principio de los tiempos / y cantaremos el fin de las civilizaciones
En el medio queda el tiempo de los políticos / es decir la contingencia / la estupidez / el sinsentido.

Ver también: Río extinto
[1] Poema de Jorge Isaías.