ANGEL DE LA GUARDA ( [1])

Al principio eras niño/ como yo/ pero mucho más ágil/ no solo me advertías/ de la baldosa floja/ o de la abuela que se aproximaba/ con sus dos bofetadas potenciales/ también en mis mañanas/ de golero baldío/ cuando el pecoso arremetía/ echabas/ a corner la pelota/ inalcanzable/ cierto día empezaste/ a flaquear sin aviso/ jugando al rango se agachó un cretino/ yo me partí los labios/ tú las alas/ cicatrizamos pronto sin embargo/ todavía serviste/ para evitar los riesgos de rutina/ tales como los nudos y estornudos/ la maceta que cae de un quinto piso/ la venérea que sube del segundo/ nuestro primer conflicto fue con el cielo/ yo me puse a creer/ y tú a esperarme/ cuando se nubló todo/ dónde estabas/ no me salvaste ni me salvarías/ ya nunca más/ la noche mansa comenzó a llover/ y me empapó de dudas/ dónde estabas para decir que no/ gritar que sí/ o mejor para/ abrir nuestro paraguas/ y callarnos/ llegaron pestes aurorales/ muertes/ injustas no buscadas/ odios entre el escombro/ vacíos con espuma y sin espuma/ cíclopes merodeantes/ dónde estabas/ para cavar dolor como trincheras/ para armarme las manos/ para decirme algo/ cualquier cosa/ y sobre todo/ para desarmarme/ la buena fe/ ese arcabuz inútil/ se crearon mágicos latidos/ entretenidas desesperaciones/ que claro/ si no son bien atendidas/ se pueden convertir/ en incurables/ dónde estabas/ para inventar augurios/ sobre el tierno futuro en carne viva/ acudes cuando nadie te reclama/ por ejemplo/ a quitarme el cuarto vaso/ o el primer sueño/ que es quitarlo todo/ debes reconocerlo/ no preciso/ que me cuides/ sino que me descuides/ ya se verá/ cómo me las arreglo/ mejor te vas/ recoge tus alones/ y no vuelvas.
Ver también: CANJE
[1] Poema de Mario Benedetti tomado de su libro “A ras de sueño” (1967)