ISABEL LA CATÓLICA [1]
Como la fe y el amor/ como la fuerza y la gracia/ concurren en su eficacia/ en toda su excelsa labor, / al disponer el señor/ lo que a Colón acaudilla, / unió a ese hombre, maravilla/ de sobrehumano poder, / el milagro de mujer/ que fue Isabel de Castilla.
Lid de ocho siglos constantes, / por patria y fe, lid bendita, / cuajó esta perla exquisita, / cristalizó aquel diamante / para coronar triunfante/ La Alhambra con su hermosura, / y anunciar desde su altura/ al atónito planeta/ España libre y completa/ y un mundo de añadidura.
Nunca con tanta belleza/ se vio mayor discreción/ ni con tanto corazón/ más atinada firmeza; / reina por naturaleza/ que alta piedad acrisola/ bastará a ser ella sola, / en el trono o en una cabaña, / prez de su sexo y de España/ y de su prole española.
Si halagar su vanidad/ fue tentación para Eva/ y perdió su infausta prueba/ a toda la humanidad; / solo al bien y a la verdad/ ardió Isabel conmovida, la cruz solo, árbol de vida/ logró tentar su alma fiel/ para salvar de Luzbel/ media humanidad perdida.
Madre justa, heroica y tierna- / (entre monstruos iracundos)-/ del huérfano de los mundos/ y de la España moderna, / si al par de piedad materna/ a los indios y a Colón/ escudaba a la opresión, / su muerte mató al grande hombre; / y olvidó también su nombre / la hija de su corazón.
[1] Poema de Rafael Pombo, fechado de noviembre 15 de 1892.