RAIZ DEL PASADO[1]
Tú, / la única / que pudiste haberme escuchado/ no estás / ahora que tengo tanto que decirte, / que he crecido sobre mí como una planta/ y puedo darte toda la lluvia/ que se me hizo savia; / pero tú no estarás / porque te ha llevado el tiempo, / y ya nadie siembra instantes/ en mi boca sola.
Cada día voy cediendo lo que amo, / dejándome pasar lleno de muerte; / hasta los objetos se me mueren; / tú también te vas perdiendo/ y no quiero olvidar que te reconocí / como la luna que yo abrazaba de niño.
Fuiste demasiada vida para hoy aceptarte muerta.
Pero no me escuchas, / tus oídos no oyen nada, / ni mi voz huérfana, / ni mis pasos, / ni en este momento mi silencio.
Ver también: Tristeza
[1] Poema de Homero Aridjis.