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El 3 de agosto de 1492, Colón, con una tripulación total de 90 hombres en sus tres barcos, zarpó de Palos, un puerto del sur de España, a 50 kilómetros al este de la frontera con Portugal[1]
Quienes observaron a los barcos perderse en el horizonte sudoccidental probablemente no se percataron de que estaban presenciando el comienzo del más grande viaje marino de todos los tiempos. Quizá Colón, pese a todo su fervor, tampoco se dio cuenta claramente de ello. Pero el hecho es que, como resultado de ese viaje que se iniciaba, Europa se vería obligada a salir de su concha para siempre.
El viaje llevó nuevos horizontes, un nuevo mundo y una nueva tierra a la conciencia de Europa, una nueva visión, nuevas esperanzas y nuevas hazañas. Después de ese viaje, los barcos europeos estarían familiarizados con todos los océanos, y los hombres y mujeres europeos explorarían todos los continentes y todas las islas.
El resultado es que muchos historiadores, en busca de una fecha que pudiera usarse convenientemente para dividir la Edad Media de los Tiempos Modernos, eligieron el año de 1492, y el viaje de Colón que se inició el 3 de agosto de ese año representó para ellos uno de los grandes hitos de la historia humana.
Colón navegó hacia las Islas Canarias, las únicas islas atlánticas en poder de España, y el 6 de septiembre de 1492 zarpó hacia lo desconocido. Fue una sagaz medida de su parte, pues había navegado hacia el Sur lo suficiente como para aprovechar los vientos alisios, que lo empujaron hacia el Oeste. (Los navegantes portugueses que habían tratado de avanzar hacia el Oeste en la latitud más septentrional de las Azores tuvieron en sus rostros los vientos prevalecientes del Oeste).
Durante siete semanas, los barcos de Colón navegaron continuamente hacia el Oeste. Sorprendentemente, fue una travesía totalmente tranquila, la más tranquila que se haya registrado. No hubo una sola tormenta en todas esas semanas, lo cual fue afortunado, en verdad, pues muy probablemente las tres carracas de Colón se habrían hundido en una verdadera tormenta.
Pero durante esas siete semanas no se vio más que mar, sin ningún signo de siquiera la más pequeña isla. Los kilómetros recorridos eran más de los previstos por Colón, y aunque llevaba un diario de a bordo falso que hacía aparecer la distancia menor de lo que realmente era, la tripulación se puso cada vez más nerviosa y rebelde. Sólo la indomable voluntad de Colón mantuvo los barcos navegando hacia el Oeste.
Finalmente, el 12 de octubre de 1492, se avistó tierra. No eran las Indias, por supuesto. Ni siquiera era el continente americano. Sólo era una pequeña isla, pero que estaba a más de tres mil kilómetros al oeste de las Azores. Ningún europeo (dejando de lado los viajes olvidados de fenicios y nórdicos) se había aventurado antes tan al Oeste.
Era una isla habitada, y Colón, que estaba firmemente convencido de que había llegado a las Indias, llamó a los habitantes «indios», por esta razón. Este grotesco nombre erróneo ha persistido hasta hoy[2].
El nombre indio de la isla en la que Colón había desembarcado se llamaba «Guanahani», o al menos así era como los españoles pronunciaban y escribían su nombre. Pero Colón aplicó de inmediato la idea europea de que ningún no-europeo tenía derechos que fuera menester considerar. Tranquilamente tomó posesión de la isla en nombre de España y la llamó San Salvador.
Más tarde ese nombre cayó en desuso y, sorprendentemente, se olvidó la identidad de la isla. Nadie sabe con certeza cuál fue la tierra que primero pisó Colón. Sin embargo, en nuestros días, San Salvador es identificada generalmente con la isla de Watling, nombre derivado del pirata inglés John Watling.
Esa isla, que forma parte de las Bahamas, se encuentra bien al este de ese grupo de islas, lo que hace razonable suponer que allí se produjo el primer desembarco de Colón.
De igual modo, a causa de la certidumbre de Colón de que las islas que descubrió en primer lugar formaban parte de las Indias, las islas situadas frente a la costa americana son llamadas hasta hoy «West Indias» [«Indias Occidentales», nombre inglés de las Antillas]. Las islas situadas frente a la costa sudoriental de Asia, que merecen mucho más ese nombre, deben distinguirse de ellas llamándolas «Indias Orientales», que constituyen la moderna nación de Indonesia.
Colón se apresuró a buscar mejores ejemplos de la riqueza de las Indias (pues San Salvador sólo era tres veces mayor que la isla de Manhattan y no mostraba signos de pertenecer al opulento Este). En busca de las tierras doradas, llegó a Cuba el 28 de octubre. Siguiendo su costa septentrional, pudo ver inmediatamente que se trataba de una tierra de considerables dimensiones y pensó que podía ser la «Cipango» de la que hablaba Marco Polo (la tierra que hoy llamamos Japón). Al este de ella, el 6 de diciembre, llegó a otra isla a la que llamó «La Española», ocupada hoy por las naciones de Haití y la República Dominicana.
Frente a La Española naufragó su barco más grande, la Santa María. Usó la madera del barco para construir un fuerte en la isla, que guarneció con treinta y nueve voluntarios. Este fue el primer intento de colonizar las nuevas tierras del Oeste. Luego, el 3 de enero de 1493, Colón dirigió sus dos barcos restantes hacia el Este y emprendió el viaje de retorno.
Llegó a las costas del continente europeo el 4 de marzo, cerca de Lisboa. Entró al puerto de Lisboa con los indios que había llevado consigo (que eran la prueba viva de que realmente había llegado a nuevas tierras) y fue recibido con todos los honores por Juan II, indudablemente apenado pero con gran espíritu deportivo.
Colón después se dirigió a España y estuvo de regreso en Palos el 13 de marzo de 1493, ocho meses después de partir. Repentinamente, se convirtió en el hombre más famoso del mundo y admirado por el público, tanto como Lindbergh lo sería en nuestra época y por la misma razón: había realizado una hazaña que pocos juzgaban posible, y la había llevado a cabo con gran estilo. Fue estruendosamente aclamado en Sevilla y se le habría brindado un desfile triunfal, si eso hubiera sido posible. A fines de abril, Fernando e Isabel lo recibieron en Barcelona, y lo trataron como a un rey.
Inmediatamente se planeó un segundo viaje, y esta vez no hubo dificultades para hallar hombres y dinero. El 25 de septiembre de 1493, una flota de diecisiete barcos, con unos 1.500 hombres, zarpó de España[3]. Este segundo viaje llevó nuevamente a Colón a las Antillas, donde descubrió Puerto Rico, en noviembre de 1493. Fue la primera vez que los europeos pusieron pie en tierras que hoy están bajo la bandera de los Estados Unidos.
Luego Colón visitó La Española, el 24 de abril de 1494, y halló que el fuerte construido un año antes estaba destruido y los hombres habían desaparecido, presumiblemente muertos por los indios. Se construyó un fuerte más poderoso, y entonces La Española se convirtió en la primera región de tierras occidentales en las que se establecieron en forma permanente hombres de ascendencia europea. Más aun, el destino del primer fuerte de Colón fue utilizado en lo sucesivo para Justificar el duro trato de los indios. Fue un precedente que iba a aplicarse en todas partes; todo intento de los indios de proteger sus propias tierras contra la invasión sería considerado una conducta atroz que merecía la más enérgica y punitiva réplica.
Pero hasta entonces, en los dos viajes de Colón, sólo se habían descubierto islas. Aún no había hecho pie en una costa continental. Esta situación cambió con el tercer viaje, que inició desde España el 30 de mayo de 1498 y en el cual se hizo una inversión considerablemente menor que en el segundo. Esta vez llegó lejos al Sur y descubrió la isla de Trinidad. En verdad, divisó la costa del continente inmediatamente al sur de Trinidad, pero la tomó por otra isla[4].
El 9 de mayo de 1502 emprendió su cuarto y último viaje, que lo llevó nuevamente a las islas. Después navegó hasta lo que hoy llamamos América Central, el estrecho istmo que une el continente septentrional y el meridional, y recorrió sus costas. Retornó a España el 7 de noviembre de 1504, después de haber sido abandonado en la isla de Jamaica durante más de un año.[5]
Hasta el día de su muerte (ocurrida el 20 de mayo de 1506), Colón estuvo convencido de que había llegado a las Indias.
En cuanto a los portugueses, se recuperaron del malestar que debieron sentir cuando Colón retornó de su primer viaje. A fin de cuentas, en 1497 Vasco da Gama había llegado a la India, la verdadera India, y Portugal estaba en camino de construir un imperio en África y Asia. En contraste con esto, los españoles sólo poseían unas pocas islas bárbaras y distantes, y, aunque las llamasen las Indias, no habían aportado ninguna prueba de la riqueza del Lejano Oriente.
De hecho, Portugal tuvo su parte en el mundo occidental. El 5 de marzo de 1500 un navegante portugués, Pedro Álvarez Cabral, zarpó hacia la India. Se le ocurrió que si bordeaba África en una curva mayor que la habitual, podía aprovechar los vientos alisios. Aunque la distancia fuese mayor, podía gozar de mejor tiempo.
Dio un rodeo tan amplio, en efecto, que tocó la masa oriental de América del Sur, el 22 de abril. No esperaba hallar un continente tan al Este y supuso que había divisado una isla, quizá la legendaria Hy-Brasil. Sea como fuere, las regiones que forman las tierras orientales del continente son llamadas Brasil hasta hoy, y siguieron siendo portuguesas por más de tres siglos.
Como resultado de los viajes de Colón y Cabral, y de otros que siguieron, toda la parte del mundo occidental situado al sur del río Grande (con excepciones poco considerables) es de habla española o portuguesa. Puesto que el español y el portugués pertenecen al grupo de lenguas romanas o latinas, todas las tierras al sur del río Grande aún son llamadas América Latina.
Pero, ¿de dónde proviene el nombre de América? De un navegante italiano llamado Américo Vespucci. En su forma latinizada, el nombre es Americus Vespucius, y en español Américo Vespucio[6].
Vespucio nació el mismo año que Colón y se hallaba en España cuando éste volvió de su primer viaje. Participó en los preparativos para el segundo y el tercer viaje. A partir de 1497, él mismo efectuó viajes al Oeste y, al parecer, exploró la costa de Sudamérica, primero al servicio de España y luego al de Portugal.
Sus viajes no fueron tan importantes como los de Colón, pero, mientras que Colón se aferró a la idea de que las tierras occidentales formaban parte de las Indias, Vespucio tenía otra opinión. En 1504 Vespucio sostuvo que lo que había en el Oeste era un continente nuevo y hasta entonces desconocido, un «nuevo mundo», como él lo llamó. Más aun, aceptó que la longitud de la circunferencia de la Tierra es de 40.000 kilómetros y fue el primero en sostener que había dos océanos entre Europa y Asia; uno, el Atlántico, conocido, y el otro, un mar desconocido al occidente del nuevo mundo.
Las ideas de Vespucio fueron aceptadas en 1507 por un geógrafo alemán, Martin Waldseemüller. Éste publicó un mapa en el que el nuevo continente aparecía separado, no como parte de Europa, África o Asia. Propuso que se le llamase América en honor a Américo Vespucio, quien si bien no fue su descubridor (tampoco lo fue Colón, a fin de cuentas, como sabemos ahora), sí fue el primero en reconocer la naturaleza del descubrimiento. Waldseemüller incluyó el nombre en su mapa.Dicho nombre se hizo inmediatamente popular y pronto tuvo un uso universal. Al principio se aplicó exclusivamente a la parte meridional del nuevo mundo, porque la parte septentrional podía estar unida a Asia. (Alaska, la primera región de las Américas descubierta por los indios, fue la última que descubrieron los europeos). Pero más tarde también se comprobó que la parte septentrional estaba separada de Asia. Se convirtió así en América del Norte, mientras que la parte meridional se convirtió, naturalmente, en América del Sur. [7]
[1] Véase también el diario del Almirante, desde el 3 de agosto hasta el 6 de septiembre, en Descubrimiento de America.
[2] Para distinguirlos de los nativos del país asiático de la India, los habitantes nativos de los continentes americanos son a veces llamados «indios americanos» o hasta «amerindios». Pero el nombre común es sencillamente «indios».
[3] Véase Sevilla 1492 1493
[4] Ver Vespucio 1499-1500 para más información.
[5] Ver último viaje de Cristóbal Colón
[6] Era común en tiempos medievales y comienzos de los tiempos modernos latinizar los nombres de personas que escribían libros o acerca de los cuales se escribían libros, pues el latín era la lengua de los sabios y la lengua en que se escribían los libros serios. Christopher Columbus [forma inglesa del nombre de Colón] es también un nombre latinizado, cuya forma italiana es Cristoforo Colombo y su forma española Cristóbal Colón.
[7] Asimov Isaac. La formación de América del Norte. Alianza Editorial, S.A. Madrid, 1983.