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ROMANCE DE LA PÉRDIDA DE ALHAMA[1]
Paseábase el rey moro/ por la ciudad de Granada, /
Desde la puerta de Elvira/ hasta la de Vivarambla.
-¡Ay de mi Alhama!-
Cartas le fueron venidas/ que Alhama era ganada:
Las cartas echó al fuego, / y al mensajero matara.
-¡Ay de mi Alhama!-
Descabalga de una mula, / y en un caballo cabalga; /
Por el Zacatín arriba/ subido se había al Alhambra.
-¡Ay de mi Alhama!-
Como en el Alhambra estuvo, al mismo punto mandaba/
Que se toquen sus trompetas, / sus añafiles de plata.
-¡Ay de mi Alhama!-
Y que las cajas de guerra, / apriesa toquen el arma, /
Porque lo oigan sus moros, / los de la Vega y Granada.
-¡Ay de mi Alhama!-
Los moros que el son oyeron/ que al sangriento Marte llama, /
Uno a uno y dos a dos/ juntando se ha gran batalla.
-¡Ay de mi Alhama!-
Allí habló un moro viejo, / de esta manera hablara:
-¿Para qué nos llamas rey, /para qué es esta llamada?
-¡Ay de mi Alhama!-
-Habéis de saber, amigos, / una nueva desdichada:
Que cristianos de braveza / ya han ganado Alhama.
-¡Ay de mi Alhama!-
Allí habló un alfaquí, / de barba crecida y cana:
-¡Bien se te emplea, buen rey, / buen rey se te empleara!
-¡Ay de mi Alhama!-
Mataste los Bencerrajes, / que eran la flor de Granada, /
Cogiste los tornadizos, / de Córdoba la nombrada.
-¡Ay de mi Alhama!-
Por eso mereces, rey, / una pena muy doblada:
Que te pierdas tu y el reino, / y aquí se pierda Granada.
-¡Ay de mi Alhama!-
Ver también: Conquista de Granada
[1] Esta versión con estribillo y estructurada, es una refundición culta de fines de siglo XVI sobre una versión anterior.