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¿Qué es de ti, desconsolado?/ ¿Qué es de ti, rey de Granada[1]?
¿Qué es de tu tierra y tus moros?/ ¿Dónde tienes tu morada?
Reniega ya de Mahoma/ y de tu seta malvada, /
Que vivir en tal locura/ es una burla burlada.
Torna, tórnate, buen rey/ a nuestra ley consagrada, /
Porque si perdiste el reino/ tengas el alma cobrada.
¡De tales reyes vencido/ honra te debe ser dada!
-¡Oh Granada noblecida, / por todo el mundo nombrada, /
Hasta aquí fuiste cautiva, / y agora ya libertada!
Perdióte el rey don Rodrigo/ por su dicha desdichada; /
Ganóte el rey don Fernando/ con ventura prosperada; /
La reina doña Isabel, / la más temida y amada, /
Ella con sus oraciones, / y él con mucha gente armada.
Según Dios hace sus hechos, / la defensa era excusada; /

Que donde él pone su mano/ lo imposible es casi nada.[2]
[1] Ver Perdida de Alhama
[2] Romance escrito y musicado por Juan del Encina.