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EL LAMENTO DE DAVID[1]
Con rabia esta el rey David/rasgando su corazón, /
Sabiendo que allá en la lid/ le mataron a Absalón.
Cubriose la su cabeza/ y subiose a un mirador; /
Con lágrimas en los ojos/ sus canas regadas son.
Hablando de la su boca/ dice esta lamentación:
-¡Fili, mi, fili mi, / fili mi Absalón!
¿Qué es de la tu hermosura?/ ¿Tú extremada perdición?
Los tus cabellos dorados/ rayos parecían de sol; /
Tus ojos lindos, azules, / cual Jacinta de Sión;
¡Oh manos que tal hicieron, / enemigas de razón!
¡Oh Joas que tal hiciste!/ ¡No lo merecía, no!
Miraras que era mi hijo/ engendrado en bendición, /
Que quien le daba la muerte/ me doblaba la pasión.
Si era desobediente, / yo le otorgaba perdón; /
Si mi mandado cumplieras, / trujérasmelo a prisión.
¡Oh madre, que tal pariste! / ¿Cómo habrás consolación?
Rómpase las tus entrañas, / rásguese tu corazón; /
Llorémosle padre y madre/ el fruto de bendición.
[1] Texto de G. Di Stefano, el Romancero, pp. 313-314; de un pliego suelto del siglo XVI