EL SACRIFICIO DE ISAAC[1]
Si se partiera Abraham, / patriarca muy honrado, /
Partiérase para el monte, / donde Dios le había mandado /
Sacrificar su propio hijo, / que Isaac era llamado; /
Toma el niño por la mano/ obediente a su mandado.
Iua triste y pensativo/ el buen viejo y lastimado, /
En pensar que ha de matar/ al mimo que ha engendrado, /
Y lo más que lo lastima/ es verlo ya criado.
Y con estos pensamientos/ al pie del monte han llegado.
Hizo el viejo un haz de leña/ y al niño se lo ha cargado; /
Y subiendo por el monte/ iba Isaac muy fatigado, /
Mucho más iba Abraham/ por ser ya viejo y pesado, /
Mas con toda la fatiga/ hacía dél esforzado.
Allí hablara el niño, / bien oiréis lo que ha hablado:
-Padre mío, padre mío, / padre mío muy honrado, /
Veo el cuchillo y la leña/ y que el fuego aparejado/
Y no veo el sacrificio/ que ha de ser sacrificado.
-Hijo, Dios proveerá-dijo/ no tengas cuidado.-
E diciendo estas palabras, / encima del monte han llegado.
Asentáronse los dos/ y un rato han descansado, /
Y al cabo de una gran pieza, / Abraham así ha hablado:
-Hijo mío, hijo mío/ descanso de mi cuidado, /
Para mi dolor nacido, / para mi dolor criado, /
Desto que os quiero decir/ no queráis estar turbado, /
Porque Dios manda y ordena/ que seáis sacrificado.
….
[1] Texto de D. Catalán. Por campos, pp. 65-66; de la Segunda parte de la silva de varios romances, 1550. Es un romance juglaresco que ha tenido una amplia pervivencia en el norte de España y en la tradición Sefardí. Se publicó en un pliego suelto de hacia 1535 (hoy perdido); junto con ocho romances más. El pliego debió de tener éxito, pues tres de los romances que contiene se siguen cantando en la tradición oral moderna: el de David y Goliat, el Llanto de David y este, del cual publicamos solo un fragmento.