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Con mirada excesiva, que hasta con mis pestañas
Barrería la nieve en tu camino,
Tu gesto de admiración atrapo y pierdo:
Con paso tan ligero y femenino,
Como si condujeras atado un rayo de sol a un pajarito,
Delante de mí -¡ante todos, ante ti misma!- andabas.
Tú sombra, que espantaron los gorriones en el suelo,
Se puso verde en la fronda
Y en las hojas pequeñas se hizo clara.
Y desapareciste-en tu canto. Callo. Callas.
Pero cuando pregunto, desde entonces atnto,
Sobre mí,
A los árboles, a las palabras,
Cada capullo habla floreciente;
El mundo gigantesco, florece de repente
En universo-flor.
(Del guindo cada rama
Creció desde ser hojas hasta ser florecillas
Tan ligero
Que no pudo notar nada la ardilla)[1]
Ver también, Puros cuentos
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[1] Poema del escritor polaco Julian Przybos (1901-1970)