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VIENEN POR LAS ISLAS, 1493
Los carniceros desolaron las islas.
Guanahaní fue la primera
En esta historia de martirios.
Los hijos de la arcilla vieron rota
Su sonrisa, golpeada
Su frágil estatura de venados,
Y aun en la muerte no entendían.
Fueron amarrados y heridos,
Fueron quemados y abrasados,
Fueron mordidos y enterrados.
Y cuando el tiempo dio su vuelta de vals
Bailando en las palmeras
El salón verde estaba vacío.
Solo quedaban huesos
Rígidamente colocados
En forma de cruz, para mayor
Gloria de Dios y de los hombres.
De la gredas mayorales
Y el ramaje de Sotavento
Hasta las agrupadas coralinas
Fue cortando el cuchillo de Narváez.
Aquí fue la cruz, aquí el rosario,
Aquí la virgen del Garrote.
La alhaja de Colón, Cuba fosfórica,
Recibió el estandarte y las rodillas
En su arena mojada.[1]<
[1] Poema de Pablo Neruda, Canto General Editorial Bruguera S. A., 1980, Barcelona, página 40