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Una joven murió en los brazos de su amante, más bien mayorcito. Fue acusado de homicidio involuntario. Esta fue la explicación que dio al juez respecto al triste suceso: «Mis brazos la rodeaban; sus brazos me rodeaban. Sus piernas me ceñían y las mías la ceñían. Sus labios estaban en los míos y mis labios en los suyos. Sus senos en mi pecho y mi pecho en sus senos. En verdad, señor, ¡no comprendo cómo el Ángel de la muerte pudo entrar en ella!» [1]
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[1] Tomado de Janner Greville. Cómo hablar en Público. Ediciones Deusto S. A., Bilbao, 1992.