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MIGUEL, DON MIGUEL

Miguel, Don Miguel, padre nuestro
En el idioma y en la entraña,
¡Que mal te fue todo, mi pobre
Miguel de Cervantes del alma!
Apenas pan, algo de cárcel,
Y no se vive de esperanzas:
La sonrisa que nos abriga
Fulgor será de sal amarga.

RESTOS DE MIGUEL DE CERVANTES
Pues bien: es cierto: agonizó Miguel
Y sus deudos lloraron y sus deudas
Grande escándalo hicieron de tan viudas
Y entretanto giraban las Cabrillas
Ocultaron sus restos en un foso
Disimulante al fin de la blasfemia
De oler peor que el mal sudor del vivo
Y así fuéronse a casa y no tuvieron
Ni mandas por consuelo y renegaron
Porque el jubón no estaba como anuncian
Y las calzas de válgame y no diga
Pero se remediaron y año nuevo
Y olla va y uña viene y Don Miguel
Si lo vieron pues ya no lo recuerdan
Y en tanto todo el tiempo en el desván
Habla que habla se las pasa en vilo
Sin darse cuenta que pasa nada
Siempre en los suyo en su rincón de siempre
Con los ratones escuchando atentos
Esa voz sola que es su voz tan solo
Y a la rendija de una tabla y otra
Como a escondrijo de sus propias mañas
Una oreja de fuego enorme y quieta.[1]<
[1] Poemas de Eliseo Diego.