EMILIO SALGARI ESTA ESCRIBIENDO SUS MEMORIAS
Los niños gritan, huyen: ¡es Emilio,
De nuevo Emilio, el díscolo!
El tumulto
Se alza en la tarde, y apagado
Entra en la estancia donde Emilio escribe
Sobre la mesa coja.
El bamboleo
De la cubierta inquieta cada página
Blanca de espuma o sal: Sandokan
Grita remoto allá en la proa
Pero su voz se quiebra entre el estruendo
Marcial del organillo.
Por la música
Triste la sombra trepa hasta la página
Como una araña, y allí queda
Por fin, gorda de muerte.
Pobre Emilio,
Ya es tiempo.
Llama el maestro.
Se acabó la gloria.

LEYENDO A SALGARI
Éste es el piso oscuro donde viven
Mis primos. Ya decía. Las ventanas
Son altas y ciegan los sudarios
Indiferentes de la cal vecina.
Huele a pan y a un pescado seco y limpio.
Y el aroma se mezcla al de las hojas
Espesas, blandas, que por fin sumergen
Las huérfanas cubiertas del “Liguria”.
Después de la andanada, el abordaje.
Me agobia el humo. Tío fuma en pipa.
No existe el sitio donde estoy, qué oscuro.
La pipa se apagó en la chamusquina.
Niebla es el libro y son mis manos niebla.
Mi tío se fue junto a Salgari ahí mismo.No culpes por la sombra a las ventanas.[1]
[1] Poemas de Eliseo Diego.