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Por el profesor Libardo Vargas Celemín[1]:
Gustavo Coba Borda afirma que las vacaciones más fructíferas de la literatura colombiana, las pasó Álvaro Mutis en el caserío de Coello, aquí a escasos quince minutos del centro de la ciudad.
El mismo autor lo repite en cuanta entrevista sobre sus inicios Ie hagan. “cuando digo que ya conocí el paraíso, estoy diciendo la verdad, a mi no me lo tienen que contar, se llama Coello. Ese paraíso donde terminan los llanos del Tolima y comienza la cordillera hacia la línea”
A Coello regresaba Álvaro Mutis cada año desde Bruselas, cuando apenas era un niño y un adolescente. Dejaba Europa y se internaba en los ríos y las montañas que circundaban la finca que heredó su madre. Allí se fue despertando esa sensibilidad que Ie ha permitido escribir muchos poemas que hablan del vocerío vegetal, que enumera la flora y la fauna de Ibagué y que se encarga de estar repitiendo el aroma del café, la sombra de los guamos, las enredaderas y las lianas que se aferran a las rocas por donde pasan los cauces del Cocora y el Coello.
Aunque Mutis advierta que no conoce la patria chica de su famoso Maqroll el gaviero, uno logra deducir que este tiene que haber nacido por los lados de Dantas, Laureles o en el mismo
Coello, porque si bien trata de esconder su personalidad, en una visión universal de la vida y aparenta ser ciudadano del mundo, muchas de sus afirmaciones en “La Nieve del Almirante” y en “Un Bel Morir” lo delatan. Esta especie de pícaro e intelectual, casi asesino y aventurero sin escrúpulos, es uno de los personajes más enigmáticos de la literatura colombiana. Nace en uno de los primeros poemas de Mutis y se replica en las seis novelas que ha escrito este autor.
Los recuerdos que tiene el autor de Ibagué y su nicho de sensaciones y expectativas, no solo los explicita en las entrevistas, sino que hacen parte de muchos párrafos presente en sus novelas. La Nieve del Almirante es un recorrido por la región de la Línea, Un Bel morir, el tránsito por las Cordilleras y montañas que rodean a Ibagué, de manera especial las que van hacia la región de Cocora, en Amirbar están las minas abandonadas y el pueblo de San Miguel, todas estas novelas cuentan con la presencia del paisaje tolimense.
Personajes como Flor Estévez o Dora, tienen no sólo los perfiles físicos de nuestras mujeres, sino también el arrojo y el ímpetu de sus luchas, tal vez hayan surgido con el trato deferente que el niño Álvaro tenía para las hijas de los arrendatarios de las sesenta parcelas que constituían la finca de Coello.
Creo que la insistencia de Mutis sobre la importancia que para su obra han tenido sus vivencias en este espacio geográfico no son gratuitas, pues todo escritor se nutre de su experiencia personal y son los años de la niñez, aquellos que se tornan más imborrables y se acumulan de tal manera que fácilmente se puede evocar. Mutis lo reitera siempre cuando afirma: “Todo sale de los caminos de Coello, de las lecturas en la hamaca que colgaba de la terraza de la casa, y de la gente maravillosa que vivía en la finca y que habitaba esa región en donde la llanura se va convirtiendo en una imponente cordillera”
Álvaro Mutis cierra este recuento de los novelistas y poetas importantes que han visitado este lugar, que sin ser paradisíaco, si ha logrado influir de alguna manera en sus visiones, en sus formas de percibir la naturaleza, en la tranquilidad que tuvieron para reflexionar sobre técnicas y asuntos, en consonancia con el paisaje de cerros azules y llano ilimitado que encierra esta pequeña ciudad, la misma que ha tenido la fortuna de contar con tan ilustres huéspedes.
[1] POETAS Y NOVELISTAS COLOMBIANOS DE PASO POR IBAGUÉ Aquelarre. Revista semestral del Centro Cultural de la Universidad del Tolima. No 1. Edición Enero –Junio 2002.
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